Saludablemente

12, Enero 2021

Sueño bifásico: ¿dormir en dos partes?

Durante años, la recomendación fue clara: dormir ocho horas seguidas. Sin embargo, cada vez más investigaciones y tendencias recuperan esta práctica antigua ¿Tiene sentido hoy o es solo un mito?

Dormir de corrido no siempre fue la norma. Antes de la iluminación artificial y los ritmos laborales modernos, muchas personas dormían en dos bloques: un “primer sueño” nocturno, seguido de un período de vigilia tranquila, y luego un “segundo sueño” hasta el amanecer.

Este patrón, conocido como sueño bifásico, hoy vuelve a generar interés, especialmente en un contexto donde el descanso se ve afectado por el estrés, la tecnología y los cambios de hábitos.

¿Qué es el sueño bifásico?

El sueño bifásico consiste en dividir el descanso en dos fases dentro de un mismo día. Puede adoptar distintas formas:

  • Dos períodos nocturnos separados por un breve despertar.
  • Un sueño principal nocturno más una siesta durante el día.

Este último formato es, de hecho, bastante común en muchas culturas y tiene respaldo en estudios que destacan los beneficios de las siestas cortas para la concentración y el rendimiento.

¿De dónde surge esta idea?

Investigaciones históricas y científicas, como las del historiador del sueño Roger Ekirch, muestran que el descanso fragmentado era habitual antes de la revolución industrial.

Además, estudios sobre ritmos circadianos sugieren que el cuerpo humano puede adaptarse a distintos patrones de sueño, siempre que se respete la cantidad total de descanso y la regularidad.

¿Qué dice la ciencia actual?

Hoy el consenso general sigue indicando que los adultos necesitan entre 7 y 9 horas de sueño por noche. Pero no necesariamente todas tienen que ser continuas, siempre que la calidad del descanso sea buena.

Algunas investigaciones señalan que dividir el sueño puede ser útil en ciertos casos, especialmente si incluye una siesta breve (de 20 a 30 minutos), que puede mejorar el estado de alerta, el ánimo y el rendimiento cognitivo.

Sin embargo, también hay advertencias: fragmentar el sueño sin una estructura clara o con interrupciones frecuentes puede afectar la recuperación y generar más cansancio.

Una mirada más flexible sobre el descanso

Más que elegir entre dormir de corrido o en dos partes, los especialistas coinciden en algo: la clave está en la calidad del sueño y en escuchar las propias necesidades del cuerpo.

El mandato de las “8 horas perfectas” puede ser útil como guía, pero no debería vivirse como una regla rígida. En un mundo con rutinas cambiantes, adoptar una mirada más flexible puede ayudar a reducir la ansiedad en torno al descanso.

Al final, dormir bien no es solo cumplir un número, sino lograr un descanso que realmente recupere cuerpo y mente.

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