12, Enero 2021
¿Por qué mirar la luz nos ayuda a estornudar?
Seguramente alguna vez sentiste esa picazón en la nariz y una sensación de estornudo inminente que no termina de salir. En esos casos, muchas personas recurren a un truco tan simple como efectivo: mirar hacia una fuente de luz. ¿Por qué funciona?

Aunque parezca un mito, la ciencia tiene una respuesta concreta: en algunas personas, la exposición repentina a la luz intensa puede activar un reflejo involuntario que desencadena el estornudo. Este fenómeno tiene nombre propio y está relacionado con la forma en que se conectan ciertos nervios en nuestro cuerpo.
Se lo conoce como reflejo fótico del estornudo (o ACHOO, por sus siglas en inglés: Autosomal Dominant Compelling Helio-Ophthalmic Outburst) y se trata de una característica genética que afecta aproximadamente a entre el 10% y el 35% de la población.
¿Qué pasa en el cuerpo?
El estornudo es un reflejo controlado principalmente por el nervio trigémino, que también está involucrado en la sensibilidad del rostro y la nariz. Por otro lado, la luz activa el nervio óptico, encargado de la visión.

En algunas personas, estos dos sistemas están “más conectados de lo habitual”. Entonces, cuando el nervio óptico se estimula bruscamente (por ejemplo, al mirar una luz intensa), y esa señal activa también al nervio trigémino, generando la necesidad de estornudar.
En definitiva, eso que muchas personas hacen casi por instinto tiene una explicación científica detrás. La próxima vez que sientas ganas de estornudar, mirar la luz podría ser justo el empujón que le falta… siempre y cuando tu cuerpo tenga ese curioso reflejo incorporado.
