12, Enero 2021
Cábalas argentinas: por qué repetimos rituales antes de un partido importante
La misma camiseta del primer partido. No cambiarse de lugar en el sillón. Comer exactamente lo mismo “porque viene funcionando”. Mirarlo siempre con las mismas personas. En Argentina, las cábalas son casi tan protagonistas como el fútbol.

Con el Mundial, vuelven las promesas, los amuletos, los mensajes repetidos y las pequeñas rutinas que miles de personas hacen “por si acaso”. Pero detrás de esas costumbres hay algo mucho más profundo que una simple superstición.
Según especialistas en psicología, las cábalas funcionan como mecanismos emocionales frente a situaciones de incertidumbre. Cuando el resultado no depende de nosotros, el cerebro busca pequeñas acciones que aporten sensación de control y reduzcan la ansiedad.
Por eso los rituales aparecen no solo en el deporte, sino también antes de exámenes, entrevistas laborales o momentos importantes.
Un ritual bien argentino
En Argentina, las cábalas deportivas forman parte del folklore popular desde hace décadas. Carlos Bilardo fue uno de los grandes símbolos de esta tradición: desde no saludar a determinadas personas hasta obsesionarse con rutinas específicas durante el Mundial ‘86.
Con el tiempo, las supersticiones se volvieron cada vez más colectivas. Durante Qatar 2022, las redes sociales se llenaron de historias de personas que no podían cambiar de ropa, de menú o de lugar porque “daba mala suerte”.
Incluso se viralizaron cábalas insólitas: mirar los partidos parados, usar medias agujereadas “ganadoras” o repetir exactamente el mismo recorrido antes de cada encuentro.
Y aunque muchas personas dicen no creer, un relevamiento de Ipsos reveló que casi la mitad de los argentinos se considera supersticioso o “cabuler@”.
¿Por qué las necesitamos?
Los especialistas explican que repetir rituales ayuda a disminuir el estrés porque aporta previsibilidad emocional. En contextos de tensión, hacer algo conocido genera calma y seguridad.Además, las cábalas tienen otro componente muy fuerte: el social.
Durante el último Mundial no solo se compartieron partidos. También se compartieron nervios, bromas, audios eternos en grupos de WhatsApp, reuniones improvisadas y rituales colectivos que terminaron convirtiéndose en recuerdos afectivos.
Porque muchas veces la verdadera “suerte” no está en la camiseta o en el sillón, sino en el encuentro con otros.
Lejos de ser simples manías, los rituales también hablan de pertenencia. Nos conectan con tradiciones familiares, amigos y momentos compartidos.
