Saludablemente

12, Enero 2021

Dinero en orden: más bienestar

Ahorrar, gastar, endeudarse, darse gustos y planificar en un país inestable. Nicolás Litvinoff, director de Estudinero.org, propone una mirada práctica para mejorar la relación con la plata sin culpa ni fórmulas mágicas: orden y decisiones lógicas.

  • Cuando alguien siente que no le alcanza la plata o no sabe en qué gasta, ¿por dónde debería empezar a ordenar su situación sin frustrarse en el intento?

-Por el diagnóstico, no por el recorte. El error más común es querer solucionar antes de entender. El primer paso es registrar durante 30 días todo lo que entra y todo lo que sale, sin juzgar ni cambiar nada todavía. Solo observar. Ese ejercicio suele ser revelador porque mucha gente descubre que no tiene un problema de ingresos, sino de conciencia sobre sus consumos. Con el diagnóstico en mano, recién ahí tiene sentido tomar decisiones.

Además, muchas veces el problema no es solamente financiero, sino emocional. Hay consumos que aparecen por ansiedad, cansancio, necesidad de compensación o incluso por presión social. Cuando uno empieza a registrar también desde qué lugar compra, aparecen patrones muy claros, y entender eso ayuda muchísimo más que simplemente prohibirse gastos.

  • ¿Qué errores ves más seguido en la organización de la economía del hogar?

-Hay tres muy frecuentes. El primero es no separar el dinero por función: entra todo en una sola cuenta y de ahí sale todo mezclado. El segundo es no tener fondo de emergencia, lo que convierte cualquier imprevisto en una crisis. Y el tercero es usar la tarjeta de crédito como extensión del sueldo, en lugar de como herramienta de administración. Cuando se paga el mínimo del resumen, la deuda ya empezó a crecer con una lógica difícil de revertir.

Nicolás Litvinoff, director de Estudinero.org
  • Para alguien que nunca pudo ahorrar, ¿cuál es el primer paso realista?

-Automatizar antes de gastar. El ahorro voluntario suele fracasar porque depende de la fuerza de voluntad, y eso se agota. La solución es que apenas entra el sueldo se transfiera automáticamente un monto fijo a una cuenta separada. Aunque sea un 5% al principio. El monto importa menos que el hábito. Con el tiempo, ese mecanismo se vuelve natural.

En Argentina además existe cierta frustración lógica con el ahorro, porque muchas personas sienten que hacen esfuerzo y después las reglas cambian. Pero incluso en contextos inestables, el hábito de guardar una parte del ingreso sigue siendo valioso. Porque no solo construye capital: también construye orden, previsibilidad y tranquilidad mental.

  • ¿Cómo distinguir entre un gasto necesario, uno evitable y uno que simplemente nos hace bien?

-Primero hay que separar gasto de inversión. Un gasto se consume en el momento. Una inversión se paga hoy para recibir un beneficio después: capacitarse, cuidar la salud, adquirir una herramienta de trabajo.

Después conviene mirar desde qué emoción se decide. Cuando uno compra con entusiasmo genuino y dentro de sus posibilidades, suele estar conforme. Cuando lo hace por ansiedad, presión social o impulso, el arrepentimiento aparece rápido. Detectar eso mejora mucho las finanzas personales.

  • ¿Está mal darse gustos cuando la economía está ajustada o también forma parte de un equilibrio saludable?

-La pregunta no es si está bien o mal, sino cómo se hace. Un gusto elegido con conciencia, que uno puede pagar y realmente disfrutar, forma parte de una vida equilibrada. El problema es cuando ese gusto se financia con deuda o responde a la ansiedad. Ahí la satisfacción dura poco y el costo queda. También existe el extremo contrario: privarse siempre y después compensar con gastos impulsivos más caros.

  • ¿Cómo saber si endeudarse es una decisión razonable o una señal de alerta?

-Es razonable cuando financia algo valioso, la cuota no supera una proporción sana del ingreso y existe un plan claro de cancelación. Es una señal de alerta cuando se usa deuda para consumo corriente, para pagar otra deuda o cuando se calcula sobre ingresos futuros que todavía no existen. En Argentina, además, importa mucho el tipo de tasa y la moneda de esa deuda.

También hay un riesgo frecuente que es acostumbrarse a convivir con muchas cuotas pequeñas. Individualmente parecen manejables, pero acumuladas terminan generando una sensación de ahogo financiero muy fuerte. Por eso siempre conviene mirar la foto completa y no solamente el valor aislado de cada cuota.

  • En el caso de créditos grandes, como un hipotecario, ¿qué debería evaluar una familia antes de decidir?

-Además de la cuota inicial, tres variables clave. La primera es la estabilidad del ingreso: hablamos de compromisos de 20 o 30 años. La segunda es el costo financiero total, no solo la cuota mensual. Y la tercera, en créditos ajustables, entender cómo puede evolucionar esa relación entre cuota e ingresos. Tomar un crédito puede ser una gran decisión, pero hay que hacerlo con información completa.

  • ¿Hay malos hábitos propios de los argentinos que sabotean la organización financiera?

-Sí, uno muy marcado es la dificultad para planificar a largo plazo. Después de décadas de inflación, cambios de reglas y crisis, mucha gente aprendió que el futuro es incierto y que lo único seguro es el presente. Eso genera una cultura del consumo inmediato. Es comprensible, pero cuando hay oportunidades de ordenar o ahorrar, se vuelve un obstáculo.

También existe cierta costumbre de naturalizar el desorden financiero. Mucha gente sabe exactamente cuánto gana, pero no cuánto gasta. O toma decisiones económicas importantes sin sentarse realmente a hacer números. En contextos difíciles, ordenar las finanzas personales no garantiza soluciones mágicas, pero sí permite tomar mejores decisiones y reducir muchísimo el estrés cotidiano.

Nicolás Litvinoff propone una mirada práctica para mejorar la relación con la plata sin culpa ni fórmulas mágicas.
  • Frecuentemente hablás del camino a la libertad financiera. ¿Existe una fórmula para alcanzarla?

-No hay fórmula mágica, pero sí una secuencia lógica. Primero, ordenar la economía personal y salir de deudas caras. Segundo, construir un fondo de emergencia. Tercero, generar un excedente mensual sostenido. Cuarto, invertir ese excedente en activos que produzcan ingresos. La libertad financiera no es ser millonario: es llegar a un punto donde el trabajo deja de ser la única fuente posible de ingresos.

“Para ordenarse, hay que arrancar por el diagnóstico, no por el recorte. Primero hay que entender qué pasa con la plata”

Y tampoco significa dejar de trabajar. Mucha gente piensa la libertad financiera como “no hacer nada”, cuando en realidad tiene más que ver con ganar margen de decisión. Poder elegir con menos presión, trabajar porque uno quiere y no solamente porque necesita resolver lo urgente del mes siguiente.

  • Para muchas personas invertir parece algo lejano o complejo. ¿Cómo se puede romper esa barrera?

-Entendiendo que invertir no es solo para expertos ni para grandes patrimonios. Hoy existen instrumentos simples, montos bajos de entrada y mucha más información disponible. Lo importante es empezar de manera prudente, entender dónde se pone el dinero y no buscar atajos milagrosos. La educación financiera vale más que cualquier consejo aislado.

Además, en Argentina existe mucho miedo vinculado al dinero porque hay antecedentes de crisis, pérdidas y cambios económicos constantes. Por eso muchas personas sienten que invertir es “arriesgar demasiado”. Pero justamente la educación financiera ayuda a reducir ese miedo y a tomar decisiones más racionales.

  • ¿Qué rol juega la pareja o la familia en la salud financiera del hogar?

-Un rol enorme. Muchos conflictos no nacen por falta de dinero, sino por falta de conversación sobre el dinero. Hablar de objetivos, prioridades, límites y hábitos evita tensiones futuras. La economía del hogar mejora cuando deja de ser un tema tabú y pasa a ser una construcción compartida.

“El dinero es tiempo. Cada peso bien usado o invertido compra tiempo futuro”

Además, cada persona llega a la adultez con aprendizajes distintos sobre la plata. Hay quienes crecieron en contextos donde ahorrar era indispensable y otros donde gastar era una forma de disfrutar el presente porque el futuro siempre parecía incierto. Entender esas diferencias también ayuda a construir acuerdos más sanos dentro de una familia o una pareja.

  • Si tuvieras que dar una sola idea fuerza para mejorar la relación de las personas con su dinero, ¿cuál sería?

-Que el dinero es tiempo. Cada gasto innecesario representa horas de vida entregadas a cambio de algo que quizá no lo valía. Y cada peso bien administrado o invertido representa tiempo futuro ganado. Cuando uno entiende eso, las decisiones cambian: ya no se trata de privarse, sino de elegir mejor.

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