Cultura y sociedad

12, Enero 2021

“El cambio climático está pasando y lo estamos viviendo”

Aunque a veces lo pensemos lejano, el ambiente está presente en cada aspecto de nuestra vida: nos involucra, nos atraviesa y se refleja en nuestras decisiones cotidianas. En esta charla, el periodista y especialista ambiental Mauricio Federovisky propone ampliar la mirada para entender el impacto real de la crisis climática y nuestro rol como ciudadanos: repensar hábitos, consumir mejor y volver a conectar con la naturaleza.

Mauricio Federovisky, periodista y especialista ambiental.

-Se habla de crisis climática y de problemas ambientales muchas veces como algo lejano. ¿Cómo impactan realmente en nuestro día a día?

-Muchas veces —por no decir siempre— se presenta la crisis climática como algo que va a impactar en el futuro. Pero no hay dudas de que ya es una realidad.

Esa narrativa responde a una lógica de “patear el problema para adelante” y no hacerse cargo de las soluciones que hay que aplicar hoy, sobre todo por parte de quienes tienen mayor responsabilidad: Estado, gobiernos y empresas.

Ese impacto se refleja en olas de calor cada vez más intensas, con récords de temperaturas que se superan todos los años, tanto bajas como altas. También, en países como el nuestro, vemos cambios muy notorios en las estaciones: vamos hacia una biestacionalidad, con veranos e inviernos cada vez más largos y extremos.

Y además están las grandes sequías, que afectan a los alimentos y a los precios: largos períodos sin lluvias, seguidos por precipitaciones mucho más intensas.

-¿Qué es el consumo responsable y por dónde se empieza?

Consumo responsable no es dejar de consumir, sino consumir mejor y con conciencia. Se trata de preguntarnos: “¿Lo necesito?”, “¿De dónde viene?”, “¿Cuánto va a durar?”. Una vez que ya consumí ese producto, “¿qué representa para el ambiente ese residuo que voy a dejar?”.

Son preguntas para empezar a forjar, no solo un consumo responsable, sino también un consumidor más consciente. Y empezar por algo simple: comprar menos. Eso nos ayuda a tirar menos, generar menos residuos; pero, sobre todo, a elegir mejor.

-Hoy muchas empresas hablan de sustentabilidad. ¿Cómo podemos distinguir un compromiso ambiental real del llamado greenwashing?

-Es cierto que hoy las empresas hablan de sustentabilidad, pero no todas hacen lo mismo. Ahí aparece esa “rivalidad” entre la sustentabilidad y el greenwashing. 

Un compromiso real se ve en acciones concretas: datos verificables, cambios en la producción y, sobre todo, en la trazabilidad del producto, que permite conocer el recorrido completo: desde su origen, producción, distribución, hasta el consumo y el descarte.

El greenwashing, en cambio, se queda en el discurso, es solo marketing. Los cambios reales se demuestran con datos concretos y verificables, con indicadores y reducciones en el uso de recursos naturales.

Además, muchas empresas que realmente trabajan la sustentabilidad también encuentran un beneficio económico: no solo tiene un buen impacto en el ambiente, sino que muchas veces resulta más barato.

“El cambio climático no es algo que va a pasar, es algo que ya está pasando, y lo estamos viviendo”.

-¿Puede la inteligencia artificial ser una aliada en temas ambientales?

-Por supuesto que sí, puede y, en algunos casos, ya lo es. Sirve para monitorear ecosistemas, optimizar recursos y mejorar la eficiencia, por lo que puede ser muy valiosa para la conservación ambiental.

Pero también tiene un alto costo. La clave está en cómo se usa: no tanto en la herramienta, sino en el modelo que hay detrás. 

La IA requiere data centers que consumen grandes cantidades de energía y agua para funcionar. Por eso, su impacto ambiental es muy elevado y aún no está del todo dimensionado.

Por lo tanto, no se trata de “demonizar” la herramienta, sino de entender cómo se usa y qué impacto tiene, para que sea compatible con sus beneficios en el entorno.

-¿Cuál considerás que es la política o la ley pendiente más urgente para proteger los recursos naturales?

-Más que una nueva ley, lo urgente es que se cumplan las que ya existen. En Argentina hay muy buenas normas ambientales -como la Ley de Glaciares, de Bosques, de Tierras-, pero el problema suele ser su implementación.

En el contexto actual, es clave defender esas leyes y asegurar su cumplimiento, porque sin control, ninguna ley alcanza, y menos aún si las modificamos para volverlas más vulnerables frente a determinados intereses.

Si tengo que mencionar una ley pendiente, es la Ley de Humedales: un ecosistema súper valioso y presente en la Argentina, que aún no tiene una ley en su defensa. 

-¿Alcanza con reciclar o deberíamos poner más foco en reducir, reutilizar y en la economía circular?

-Está claro que no alcanza. El reciclaje es importante, pero es el último eslabón de la cadena: antes vienen reducir y reutilizar.

Hay un aspecto fundamental: el mejor residuo es el que no se genera. Si solo reciclamos pero seguimos consumiendo igual, el problema persiste. Tiene que ver con consumir distinto y tomar decisiones más conscientes.

Además, el reciclaje debe ser impulsado principalmente por los Estados y gobiernos, y en tercer lugar por las empresas.

“Más que una acción puntual, planteo un cambio de mirada

-¿Podemos ser optimistas en materia ambiental o el panorama es preocupante?

-Empezaría diciendo las dos cosas. Soy optimista y realista. Hoy no hay señales claras de que esto vaya por buen camino, el panorama es preocupante. Pero, al mismo tiempo, no hay posibilidad de construir un futuro mejor si creemos que todo está perdido. Y no está mal —mejor dicho, está muy bien— apoyarse en datos que no solamente son esperanzadores, sino positivos y concretos. Hoy hay más conciencia, más información y más personas involucradas. 

El problema es grande, pero también lo es la capacidad de cambiarlo. La clave es traducirlo en políticas públicas concretas. No solo es posible: tiene que ser posible.

-¿Qué podemos empezar a hacer hoy para cuidar el ambiente?

-Más que una acción puntual, planteo un cambio de mirada. Entender que el ambiente no es algo externo, sino que está en todo lo que hacemos: cómo nos vestimos, cómo comemos, cómo producimos, cómo consumimos, cómo nos relacionamos. 

Para mí, lo ambiental tiene muchísimo que ver con nuestras formas de vincularnos: con el entorno, con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos.

Parte de esta crisis surge de una desconexión muy profunda con la naturaleza, especialmente por parte de quienes vivimos en ciudades. Y si esa desconexión es parte del problema, también puede ser la solución. Por eso, una clave es volver a conectarnos con la naturaleza, observar, entender sus ritmos, que no son los mismos que los nuestros, más acelerados.

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