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12, Enero 2021

Identidad y privacidad digital: cómo proteger nuestros datos y evitar errores que pueden ponernos en riesgo

Cada vez que creamos una cuenta, realizamos una compra, compartimos una foto o publicamos algo en redes sociales dejamos algún dato personal en la nube. ¿Qué información conviene proteger especialmente y qué hábitos pueden ayudarnos a evitar estafas y accesos no autorizados?

Seguridad digital

Nombre, teléfono, domicilio, fotografías, ubicación, datos bancarios, contraseñas e información biométrica forman parte de nuestra identidad en el mundo online.

Por eso, proteger la privacidad digital no significa solamente cuidar una contraseña. También implica prestar atención a qué información compartimos, con quién y en qué contexto.

Nuestro domicilio, nuestro número de teléfono, DNI, CUIT o CUIL, fotos de documentos, datos bancarios, números y códigos de seguridad de tarjetas, información sobre nuestra ubicación o datos que permitan responder preguntas de seguridad son algunos ejemplos de información que conviene evitar publicar o compartir sin necesidad.

Incluso un dato que parece inofensivo puede adquirir otro significado cuando se combina con información disponible en otros lugares. Una publicación que muestra dónde vivimos, una fotografía con una credencial visible o un comentario que revela cuándo estaremos de vacaciones pueden aportar información que, por sí misma, parecía irrelevante.

Contraseñas más largas y administradores de claves

Las contraseñas siguen siendo una de las principales barreras para proteger nuestras cuentas, pero algunos hábitos muy extendidos pueden debilitarlas.

Usar la misma clave para el correo electrónico, las redes sociales y el home banking, elegir combinaciones fáciles de adivinar o utilizar información personal —como iniciales, fechas de nacimiento o nombres de mascotas— son prácticas que conviene evitar.

Las recomendaciones actuales de seguridad ponen el foco en utilizar contraseñas largas y únicas para cada cuenta. NIST, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, recomienda permitir el uso de administradores de contraseñas, herramientas que pueden generar claves aleatorias y almacenarlas de forma segura.

Esto resuelve además uno de los principales problemas de tener contraseñas diferentes para cada servicio: ¿cómo hacemos para recordarlas todas? Una alternativa es utilizar un administrador de contraseñas confiable y protegerlo con una contraseña maestra fuerte. De esta manera, no es necesario memorizar decenas de combinaciones ni recurrir a anotarlas en papeles, mensajes de WhatsApp o notas sin protección.

La evolución hacia el acceso sin contraseñas: llaves digitales

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Aunque las contraseñas siguen siendo habituales, la tecnología avanza hacia un estándar mucho más seguro y cómodo: las llaves digitales o passkeys.

Cada vez que una plataforma o aplicación lo permite, activar una llave digital permite reemplazar por completo la tradicional contraseña. En lugar de escribir un texto, el ingreso a la cuenta se valida directamente utilizando los mecanismos de seguridad que ya tiene nuestro teléfono o computadora, como la huella dactilar, el reconocimiento facial o el PIN de desbloqueo del dispositivo.

La ventaja principal de las llaves digitales es que no se pueden adivinar, olvidar ni robar mediante engaños en sitios falsos (phishing), ya que están vinculadas criptográficamente al servicio legítimo. Por eso, elegir esta opción cuando el sistema lo ofrece es uno de los pasos más efectivos para blindar nuestras cuentas.

Una segunda barrera: la autenticación en dos pasos

Cuando un servicio aún requiere contraseña y ofrece autenticación en dos pasos —también llamada autenticación multifactor o doble verificación— conviene activarla siempre.

El sistema agrega una segunda instancia para comprobar que quien intenta ingresar realmente es el titular de la cuenta. Puede ser un código generado por una aplicación de autenticación, un SMS de verificación o un factor biométrico.

La ventaja es sencilla: si alguien consigue nuestra contraseña, todavía necesita superar una segunda barrera para acceder a la cuenta.

¿Qué tienen que ver las contraseñas con las estafas?

Muchos ataques no comienzan con un sofisticado programa informático, sino con algo mucho más cotidiano: un mensaje que parece legítimo.

Un supuesto aviso del banco, una notificación sobre un paquete, un mensaje de WhatsApp que aparenta ser de un familiar, una promoción demasiado buena para ser cierta o un correo que advierte que una cuenta será bloqueada.

Estas técnicas se conocen como phishing cuando buscan engañar a través de mensajes o sitios falsos y vishing cuando utilizan llamadas telefónicas para obtener información. El objetivo puede ser conseguir contraseñas, datos de tarjetas, DNI, códigos PIN u otra información que permita acceder a cuentas o cometer fraudes.

En Argentina, el phishing fue la principal causa entre los incidentes de ciberseguridad reportados por CERT.ar durante 2024, con el 31% de los casos registrados.

Por eso, ante un mensaje inesperado que solicita información personal, claves o códigos de seguridad, la recomendación más simple puede ser también una de las más efectivas: no responder ni hacer clic en los enlaces enviados.

Si se trata de un banco, una plataforma de pagos o un organismo, ingresar directamente desde su aplicación oficial o escribir manualmente la dirección del sitio permite verificar si realmente existe algún inconveniente.

Cinco hábitos para cuidar nuestra identidad digital

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  1. Pensá antes de compartir: ¿realmente es necesario publicar o enviar ese dato, fotografía o documento?
  2. Utilizá llaves digitales (passkeys) siempre que estén disponibles: reemplazan las contraseñas tradicionales y ofrecen la máxima protección contra robos de acceso y phishing.
  3. Usá un administrador de contraseñas: si elegís seguir usando claves tradicionales, un administrador te permite generar y guardar contraseñas únicas para cada servicio sin memorizarlas todas.
  4. Activá la autenticación en dos pasos: especialmente en las cuentas que contienen información personal, financiera o de recuperación de otras cuentas.
  5. Desconfiá de la urgencia: los mensajes que buscan generar miedo, apuro o curiosidad para que hagamos clic o entreguemos información son una señal de alerta.

Cuidar nuestra identidad digital no significa desconfiar de todo ni dejar de utilizar internet. Significa incorporar algunos hábitos que nos permitan decidir qué información compartimos, reconocer situaciones sospechosas y poner más de una barrera entre nuestros datos y quienes intentan utilizarlos sin autorización.

En un mundo cada vez más conectado, proteger nuestra privacidad también es una forma de cuidarnos.

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