12, Enero 2021
Frío extremo: qué le ocurre al organismo cuando entra en estrés térmico
Cuando el organismo debe realizar un esfuerzo mayor al habitual para mantener estable su temperatura interna, se produce lo que los especialistas denominan estrés térmico. Aunque este fenómeno suele asociarse con las olas de calor, también puede desencadenarse durante los períodos de frío intenso, cuando el cuerpo necesita trabajar más para conservar el calor corporal.
El cuerpo humano tiene un objetivo permanente: mantener su temperatura cerca de los 37 °C. Para lograrlo, pone en marcha una serie de mecanismos automáticos que, en condiciones normales, pasan inadvertidos. Sin embargo, cuando las bajas temperaturas son muy intensas o la exposición al frío se prolonga, ese equilibrio comienza a ponerse a prueba. Si el organismo no logra compensar esa pérdida de calor, aumenta el riesgo de sufrir diferentes problemas de salud.

Una carrera contra el frío
Cada vez que la temperatura ambiente desciende, el cuerpo reacciona casi de inmediato. Los vasos sanguíneos de la piel se contraen para reducir la pérdida de calor y desviar la sangre hacia órganos vitales como el corazón, el cerebro y los pulmones.
Por eso, las manos, los pies, la nariz o las orejas suelen ser las primeras partes del cuerpo en enfriarse.
Si el frío continúa, aparece otra respuesta conocida por todos: los temblores. Lejos de ser una señal de debilidad, tiritar es una estrategia de supervivencia. Se trata de pequeñas contracciones involuntarias de los músculos que generan calor y ayudan a mantener estable la temperatura corporal.
Al mismo tiempo, el organismo acelera el metabolismo y aumenta el consumo de energía para producir calor, por lo que muchas personas sienten más apetito durante el invierno.
El corazón también hace un esfuerzo extra
Las bajas temperaturas no solo afectan la piel o los músculos. La vasoconstricción —es decir, el estrechamiento de los vasos sanguíneos— obliga al corazón a trabajar con mayor intensidad para bombear la sangre, lo que puede elevar la presión arterial.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan que las personas con enfermedades cardiovasculares extremen los cuidados durante las olas de frío, ya que el invierno representa una exigencia adicional para el sistema circulatorio.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Aunque cualquier persona puede experimentar estrés térmico, algunos grupos son más vulnerables porque regulan peor su temperatura corporal o presentan enfermedades que dificultan esa adaptación.
Entre ellos se encuentran:
- Adultos mayores.
- Bebés y niños pequeños.
- Personas con enfermedades cardíacas o respiratorias.
- Personas con diabetes.
- Trabajadores que permanecen varias horas al aire libre.
- Personas en situación de calle.
En estos casos, la exposición prolongada al frío puede favorecer complicaciones como la hipotermia, un cuadro que ocurre cuando la temperatura corporal desciende por debajo de los 35 °C y requiere atención médica.
Mito o realidad: ¿el frío enferma?
Existe una creencia muy extendida de que el frío provoca resfríos. En realidad, los resfríos y la gripe son causados por virus. Sin embargo, durante el invierno aumentan los contagios porque las personas permanecen más tiempo en ambientes cerrados y poco ventilados, lo que facilita la circulación de estos microorganismos.
Además, el aire frío y seco puede irritar las vías respiratorias y disminuir algunas de sus defensas naturales, favoreciendo las infecciones.
Cómo reducir el impacto del estrés térmico
Si bien no es posible evitar las bajas temperaturas, sí pueden adoptarse medidas para ayudar al organismo a enfrentar el frío con menor esfuerzo.
Los especialistas aconsejan:
✅ Vestirse por capas para conservar mejor el calor corporal.
✅ Mantener una alimentación equilibrada e hidratarse, incluso cuando no haya sensación de sed.
✅ Evitar permanecer con ropa húmeda.
✅ Limitar la exposición prolongada al aire libre durante jornadas de frío intenso.
✅ Prestar especial atención a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
