Cultura y sociedad

12, Enero 2021

Reconocimiento a la educación rural: Colonia Delicia llega al certamen “Docentes que inspiran”

A raíz de la nominación de Roxana Acosta como finalista del premio nacional “Docentes que inspiran”, profundizamos en la realidad de la Escuela n.° 956 de Colonia Delicia, Misiones. Una mirada sobre la infancia, la riqueza de la educación bilingüe, las raíces culturales y el impacto del Programa de Padrinazgo de SanCor Salud, que desde 2022 acompaña a esta comunidad.

Roxana Acosta Docentes que inspiran Misiones Colonia Delicia

Hay reconocimientos que trascienden a una persona porque, en realidad, premian a todo un entorno. La reciente selección de Roxana Acosta, maestra y directora de la Escuela n.° 956 de Colonia Delicia, como una de las 6 finalistas de la sexta edición del premio “Docentes que inspiran”, es exactamente eso. Para ella, este hito no es una meta personal, sino una ventana para que el país mire hacia la selva misionera y descubra la dignidad, el potencial y la calidez de sus alumnos.

Desde el año 2022, a través del Programa de Padrinazgo, SanCor Salud acompaña a esta comunidad educativa. Conocer el día a día de la escuela permite entender que la educación intercultural no se trata solo de transmitir contenidos, sino de abrazar una realidad compleja y defender las infancias.

El aula como refugio

Educar en un contexto bilingüe e intercultural exige transformar el rol docente.

“Siempre digo que soy la cabeza de la institución, pero mis maestras son mi cuerpo, mis manos y mis pies. Lo más lindo de esto es que se haga visible el trabajo de una educación bilingüe donde, muchas veces, una termina saliendo a ser más mamá y persona que docente”, reflexiona Roxana.

“Antes de tener el apoyo de ustedes, a las tres de la tarde los chicos me decían ´maestra, tengo hambre, me voy´, y se iban con el estómago vacío. Hoy se quedan las cuatro horas y cuarto de jornada porque saben que tienen su desayuno calentito y su salón con caloventor”, nos cuenta emocionada.

“La enseñanza nace del corazón, pero si un niño tiene frío y el hambre dando vueltas, es imposible que procese una metodología de aprendizaje, por más excelente que sea. Si no tenemos un cuaderno o una birome, es como intentar sembrar sin herramientas”, explica la docente. El acompañamiento del Grupo, en este sentido, es la base material indispensable para que el derecho a aprender sea real.

De las aulas de Buenos Aires a la selva misionera

Al consultarle por su decisión de ejercer la docencia, Roxana cuenta su historia de vida: “A los 14 años entré a un convento en Misiones, y después me trasladaron a Villa Ballester, en Buenos Aires. Estuve allí cuatro años, a punto de tomar el noviciado, pero mi familia tuvo un problema y tuve que regresar a trabajar. Terminé la secundaria en una escuela nocturna, siendo abanderada. Después conocí al papá de mi hija —quien lamentablemente falleció el año pasado—. Tengo 5 hijos y soy muy feliz. Entendí que el llamado de Dios para mí no requería un hábito. Estudié el profesorado de grande, con mucho sacrificio. Cuando me dieron mi primer cargo, me advirtieron: ´No hay agua, no hay luz y son comunidades aborígenes´. Dije que sí inmediatamente. Me siento viva estando en la escuela, que ya es mi casa tras 18 años de labor”.

Alianza intercultural: el respeto por las raíces

La Escuela n.º 956, no funciona de manera aislada; está integrada al entramado comunitario. El proyecto educativo se sostiene también gracias a una alianza fundamental: el trabajo diario con los caciques de las aldeas.

“El Cacique con quien colaboro empezó conmigo hace 18 años. Crecimos juntos y es mi otra mitad. Su apoyo es indispensable. Actualmente coordino el trabajo con 7 caciques porque la escuela nuclea a 7 comunidades, sumando unos 150 chicos. Los caciques ocupan el rol de Auxiliares Docentes Indígenas dentro de la institución. Dan clases en su lengua materna, el guaraní. Esto es fundamental porque los chicos de primero y segundo grado tienen su lengua nativa muy arraigada y no hablan nada de castellano. Ellos nos ayudan con la organización y ponen orden; la comunidad les tiene un respeto absoluto”.

Desafiar el prejuicio a través de la mirada de un niño

A pesar de la riqueza cultural que albergan estas comunidades, la discirminación y la falta de empatía siguen siendo barreras silenciosas en la sociedad. Roxana señala el valor y la resiliencia de sus alumnos frente a estas miradas: “Me duele profundamente la discriminación. Los minimizan por su origen, cuando en realidad estos chicos tienen una capacidad enorme: procesan dos lenguas y contextos culturales distintos al mismo tiempo. Siento que llegar a ser semifinalista de este premio es una herramienta que Dios me dio para demostrarle a la sociedad que ellos sí pueden”.

El sostén emocional y el valor de lo invisible

“Tengo un círculo: me sostiene el Cacique, mis maestras, mi familia y mis hijos, que me ayudan con las tareas de la escuela, me arman las coreografías de los actos y me acompañan. Pero, por sobre todo, me sostienen los alumnos. Cuando voy a la escuela y me regalan una sonrisa, ahí encuentro la fuerza. El amor y un abrazo valen mucho más que lo material. Que un niño de la comunidad —que culturalmente es súper reservado— venga, te abrace y se prenda a vos, significa que siente un cariño real. El afecto no se dibuja con palabras, se siente en la mirada”, nos cuenta Roxana.

Una sinergia que recorre kilómetros

El vínculo entre SanCor Salud y la Escuela n.° 956 se sostiene de manera constante. Actualmente, el equipo de padrinos de la empresa ya se encuentra organizando una nueva visita, como cada año, generando un vínculo muy grato entre los colaboradores y los niños. El objetivo de este acompañamiento sigue siendo muy claro: aportar recursos, pero sobre todo, estar presentes, apoyando la educación de los estudiantes.

Tal como relata Roxana, “las visitas les hacen muy bien a los chicos porque sienten ese amor. A veces nos ahogamos en nuestras locuras cotidianas y nos hacemos problemas por tonterías, cuando lo importante es valorar que tenemos salud y a nuestra familia. Hoy es hoy, no sabemos qué va a pasar mañana. Dar un pedazo de pan o una campera no te hace más pobre, y a ellos les cambia la vida. Gracias por no soltarme la mano y por ayudarnos a seguir adelante con estos niños”, concluye.

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